jueves, 15 de abril de 2010

Macho menos

Los hombres andan flojos. Les duele la cabeza y como tienen wi-fi se quedan a trabajar en la casa. Se corta la luz y en lugar de cambiar la ampolleta le piden ayuda al conserje. Encuentran un pajarito muerto en el fondo de la casa y son capaces de esperar días enteros hasta que el jardinero lo quite.

De veras mi esposo es la excepción a esta regla. Y por el bien de todas espero que los suyos también lo sean. Pero hablo en términos generales. Es como que ahora están más femeninos... con lo bueno y lo malo que eso implica.

El otro día fui donde mi amiga Pauli mientras su marido jugaba fútbol. Llegó como a la media hora, con el pie hinchado y rengueando. “Tú no sabes la patada que me dio el Robi. No sé ni cómo hice para manejar hasta la casa, es un dolor que no puedes ni entender....”. Veamos: la Pauli tiene tiene tres hijos. Tres panzas enormes, tres partos naturales, tres epidurales, tres episiotomías, tres meses con hemorroides. No, ella no tiene ni idea de cuánto duele que te peguen una patada y te quede un moretón...

Anoche arreglé para ir a copetear con unas amigas. Pero una de ellas nunca llegó. Resulta que el marido le dijo que no se animaba a quedarse en la casa solo con los dos niños (tienen 5 y 8 años y más encima estaban dormidos!!). Y lo peor del cuento es que la muy huevona, en lugar de mandarlo a la punta del cerro, se perdió el panorama. Pensémoslo al revés: resulta que él tiene una comida y justo ese día a los cabros se le ocurrió mirar tele hasta más tarde, saltar en los sillones y amotinarse para no lavarse los dientes. ¿Acaso en algún minuto se le ocurriría cancelar? No hueviemossssssss.

¿Dónde quedaron los machos todopoderosos? ¿Dónde están los clones de Mcgiver que arreglan cables pegando chicles? ¿Será que por estos lados abunda la criptonita y por eso ya no existe nada parecido a superman? Tener una pareja con quien compartir las tareas domésticas y el cuidado de los niños es una condición casi esencial para tener un matrimonio exitoso. ¡Pero eso no implica que dejen de ser hombres po!

Será el año 2010, pero a nosotras nos sigue gustando que alguna vez nos traigan flores, que nos inviten a una salida romántica, nos digan cosas bonitas y nos ofrezcan acostar a los niños para que podamos salir a parlotear con las compañeras de la Universidad. Sí, también que nos ayuden a bañar a los cabros, que nos acompañen a las reuniones de apoderados y de vez en cuando se ocupen del menú familiar. Ah, y además que sepan un poco de electricidad, un poco de mecánica y algo de botánica y jardinería. Que no pongan cara de poto cuando vamos a comer de la abuelita y apaguen la blackberry entre las 10 de la noche y las 8 de la mañana.

¡No se alarmen!, no es para tanto. Como compensación nosotras prometemos que a la hora del sexo no habrá excusas. No siempre.

¿Ven?, hablando la gente se entiende.

jueves, 8 de abril de 2010

Suegras, con ese de sapo

Mi suegra pasa horas navegando en Internet. Las chances de que lea esto son muchas… ¡Filo! La honestidad por sobre todas las cosas.

Como a la mayoría, me hubiese gustado casarme con un hombre huérfano. Pero como no tuve esa suerte, desde hace dieciséis años estoy aprendiendo a convivir con este personaje. Reconozco que es una buena mujer. Seguramente como amiga es un siete, como empleada es súper eficiente, y me consta que como cocinera es la mejor. Pero como suegra...

Suegra es una palabra fea en sí misma. Se escribe con ese de sapo, con ese de serpiente, de sanguijuela, de sarampión. Suegra suena a culebra. Seguramente por eso tiene una connotación tan negativa.

Cacofonías al margen, debo confesar que mi suegra y yo hemos tenido nuestros entredichos. Es que me tocó una chapada a la antigua, de esas que usan ruleros para acomodar la chasquilla y se cubren el pelo con un pañuelo cuando fríen escalopas para que la cabeza no tome olor. Y yo amo la onda vintage, pero una suegra ochentosa es otro tema…

Peor la pasó mi amiga Rosita: después de años de pololear con el Mati, su suegra la echó de la casa porque descubrió que su hijito (en ese entonces huevón de veintitantos) tenía preservativos en la billetera. Sin comentarios.

Y pobre mi suegra, también, que le toqué yo. Una nuera con la boca más rápida que el cerebro: primero digo lo que pienso, y después pienso si mejor no me tendría que haber callado la boca.

¿Lo que más me carga de ella? Su comportamiento como madre y como abuela. En lugar de llamar a su hijo para ver cómo está, me llama a mí y pregunta por él. ¿Qué soy, la secretaria de la familia? Y ni hablar de su relación con mis hijas…

Con la Sol estuve casi ocho meses de posnatal. Mi suegra estuvo 25 años sin trabajar. Justo cuando a mí me tocaba volver a la pega se le ocurrió anotarse como voluntaria en la biblioteca de su comuna. Todo bien, me encanta que quiera estar en actividad, pero por qué no lo hizo antes????? Tuvo que esperar hasta que yo la necesitara para conseguir una obligación que le impidiera ayudarme.

Insisto: mi suegra no es mala. Es como todas. Tiene la increíble habilidad de aparecer en el momento más inoportuno, de llamar en el minuto menos adecuado y de decir las palabras que más me perturban.

¿Quién no ha discutido alguna vez con su pareja por culpa de la mamá de él? A mí me acusan de que cuando le hablo por teléfono le pongo mal tono… ¡al menos la atiendo! Tengo miles de amigas que directamente les filtran las llamadas.

He escuchado miles de historias de mis amigas con sus suegras. La que más recuerdo es la de la Loli, que terminó agarrándose de las mechas en el Parque Araucano cuando la suegra le dijo que sus hijos no tenían límites porque ella los malcriaba. Yo también le hubiese dado un combo si me decía algo así.

Igual creo que en algún punto todas creen que somos un desastre como madres de sus nietos. Estamos todo el día a las corridas y no tenemos tiempo de ponernos a hervir brócoli. ¿Para qué?, si un paquete de ramitas no requiere cocción y encima les quita el hambre… Puede que tengan razón, tal vez ellas fueron mejores mamás, pero filo, ahora nos toca a nosotras y deberían aprender a guardarse determinadas opiniones. Y también debería aprenderse, mínimo, la canción de Barney. ¡Mi suegra va por el quinto nieto y todavía equivoca la música y la letra!

En términos generales, creo que las suegras son todas huevonas. Lo digo con respeto y de forma constructiva: creo que de veras no se dan cuenta de que son las que tienen más para perder. Nosotras somos las que dormimos con sus hijos, deberían esforzarse un poco más por agradarnos, ¿no? Más encima sabiendo que es sencillo: sólo tienen que callarse la boca y ocuparse de los nietos alguna tarde a la semana. No parece muy complicado…

Deberían ponerse en el lugar de nosotras. Señoras: ustedes también son (o fueron) nueras, saben de qué se trata esta relación. Las madres jóvenes del Siglo XXI no queremos suegras perfectas. Queremos suegras presentes, ubicadas y, en lo posible, mudas. ¿Es mucho pedir?

jueves, 1 de abril de 2010

Un poco de mocos y un poco de críticas

Yo creo que antes no pasaba. Cuando yo era niña no me enfermaba tanto. O al menos no me enfermaba de tantas cosas.

¿Cacharon que ahora todos los cabros chicos tienen alguna huevada crónica? Por algo se los llama mocosos... Pero ahora es distinto. Ahora resulta que los mocos son mucho más que mocos. Son bronquitis obstructivas, faringitis, neumonias, influenza y qué se yo cuantas cosas más. Nada se soluciona con un baño de vapor o un tecito con miel. Todo necesita corticoides, hisopados, análisis de orina y placas de torax. ¿No será mucho?

Anoche partí con la Malena a la urgencia (sí, otra vez) porque tenía vómitos y 39ºC de temperatura. Menos un scanner de cerebro, le hicieron de todo. Menos mal que tengo contratado el seguro de la clínica, porque a las tres de la mañana, cuando nos dieron de alta, la cuenta tenía seis dígitos!!

Y todo este circo unas horas antes de partir de vacaciones...

En realidad tenía pensado ponerme a escribir sobre las repercusiones de la aparición de nuestro modesto club en la revista Paula (www.paula.cl), ¿vieron? Nos han criticado de lo lindo, y lo más gracioso es que la mayoría de las críticas negativas vienen de mujeres que son tías, maestras u hombres. O sea, trabajadores part time, sin ánimo de ofender a nadie.

Sólo unos párrafos al respecto: asumirnos imperfectas está lejos de ser sinónimo de no amar a nuestros hijos. O como dijo una lectora, es mucho más vanidoso creer que uno no tiene defectos que aceptar que estamos lleeeeeeeeeeeeenas de errores. Yo estoy segura de que alguna de las seis infecciones urinarias que hizo la Sol es porque la higienicé mal, por no saber, por creer que estaba haciendo lo correcto cuando en realidad me estaba mandando una flor de embarrada. Eso no me hace candidata a que me quiten a las niñas, sino que me hace humana. Obvio que mil veces tengo ganas de que desaparezcan. Obvio que mil veces tengo ganas de retroceder el tiempo atrás.... o adelantarlo hasta que se vayan de la casa, obvio que mil veces deseo que venga un hada madrina y las convierta en floreros para que no hablen, ni coman, ni caguen, ¿y qué?

El otro día, conversando con una amiga sobre los comentarios tan polarizados de algunas lectoras me dijo: “Cuando Dios creó a Adán y a Eva ellos lo desafiaron. No le hicieron caso a su Padre, la mujer comió la manzana y ¿cuál fue la penitencia? ¡Los llenó de descendencia! Hasta Dios cree que los hijos pueden ser un castigo”. No seamos tan obtusas, las que dicen que jamás, jamás se hartaron de los cabros, están mintiendo... O tienen miedo de que el marido las deje por aceptarlo, o están llenas de nanas que hacen la pega por ellas. Las que sí nos ocupamos, tenemos derecho a quejarnos, a reírnos y hasta derecho a arrepentirnos... aunque la política de devolución sea nula.

Sorry por este post tan desorganizado. He dormido con cueva unas tres horas en toda la noche. Ojalá algún pediatra me diagnosticara agotamiento crónico por síndrome de hijas pequeñas. Feliz me sometería a los exámenes, hasta el scanner de cerebro. Seguro que adentro de esa cápsula donde te meten, no se escuchan los llantos.

jueves, 25 de marzo de 2010

¿Eres una mala madre? Anímate al test.

Uno de tus niños está muy resfriado justo el día en que su amigo del curso celebra el cumpleaños. Tú:

A- Le explicas que su resfriado puede ser el comienzo de alguna enfermedad y que, para cuidarlo a él y evitar que sus compañeros puedan contagiarse, mejor se quedará en la casa.
B- Le metes un par de pañuelos de papel en la mochila y lo mandas al festejo.

Tu marido tiene una cena con sus amigos de la Universidad. Tú:

A- Le pides por favor que la cancele, porque pocas cosas son tan importantes como compartir la cena con los niños.
B- Pasas por el almacén, te compras unos chocolates, acuestas a los niños media hora más temprano que de costumbre y te tiras atravesada en la cama a mirar una película.

Tu hijo, que este año empezó Kinder, no quiere ir al colegio. Al llegar a la puerta, hace una tremenda pateleta. Tú:

A- Lo acompañas hasta su curso y le pides a la maestra que te deje quedarte un rato adentro para acompañarlo hasta que se le pase, aunque eso implique llegar tarde al trabajo.
B- Le dices que si entra contento a la salida le traerás unas papas fritas. Él entra, tú te vas.

Tu jefe/a te deja salir antes de la pega. Tú:

A- Vas directo a la casa para estar más tiempo con los cabros chicos.
B- Pasas a hacerte la manicure y llegas a la casa a la hora de siempre, pero con las uñas prolijas.

Has pasado todo el día con los niños. Has cambiado pañales, has hecho tareas y hasta has cortado una chasquilla que estaba larga. Llega tu esposo a la casa. Tú:

A- Le das un abrazo y lo invitas a que todos juntos armen ese puzzle gigante que compraron en las vacaciones.
B- Le pides por favor que las bañe y te encierras un rato con el computador a ver qué fotos nuevas han subido tus amigos de facebook.

Tu suegra te dice que tienes cara de cansada, que por qué mejor no te buscas un trabajo part time y te quedas en la casa el resto del día. Tú:

A- Le agradeces el consejo y comienzas a buscar un empleo de medio tiempo. Ella es quien más conoce a su hijo y tú quieres que tu esposo te vea feliz.
B- Le regalas una sonrisa pero piensas: “claro, total tú nos ayudas con la colegiatura, el viaje de estudios y el dividendo del departamento”...

Del colegio te avisan que darán un feriado administrativo justo antes del Viernes Santo. Tú:

A- Te pones contenta, puedes hacer panorama con los niños y hasta pueden ayudarte a cocinar para la reunión familiar.
B- Quieres matar a la directora.

Conclusiones:

Puras respuestas A: mereces toda mi admiración. Es por mujeres como tú que yo realmente me cuestiono mi manera de ser mamá. Ojalá algún día tenga tu paciencia y dedicación.

Mezcla de A y B: estás bien encaminada. Saber encontrar el equilibrio entre nuestra vida como mamás y nuestra vida como mujeres es, seguramente, el principal objetivo de todas. Felicitaciones por haberlo logrado.

Puras respuestas B: bienvenida al club. A los ojos de la mayoría, somos malas madres. Seguramente muchos te juzgarán, pero algún día, cuando tus hijos vean todas las cosas maravillosas que has hecho por ti además de criarlos, ellos mismos te lo agradecerán y se sentirán orgullosos... ¡eso espero!

jueves, 18 de marzo de 2010

Fallas de fabricación

La primera vez que hospitalicé a Malena tenía 32 días de vida. Por eso tuve que hacer tremendo escándalo en la clínica para que me la pusieran en neonatología y no en pediatría, donde podía contagiarse cualquier otra cosa. Es que como tres semanas después de parir yo empecé a jugar hockey, la llevé conmigo a los partidos, le cambié el pañal sobre el pasto, le di pechuga después de correr sin parar y bueh, mi angelito se agarró un virus. Y yo entendí que además de ser la hermanita de la Sol, también era hija mía. ¡Así que mejor la cuidaba!

Lo cierto es que salió un poquitín “fallada”. Se enferma de nada, vive con mocos y ha hecho al menos seis bronquitis obstructivas, por lo cual el pediatra me advirtió que, posiblemente, sea asmática. Típico que después de empezar las clases todo se agrava. Se lo pasa estornudando y tosiendo desde la mañana hasta la noche. Pero, teniendo en cuenta que salió “falladita”, no me asusto. Le doy su medicación y ya.

Cuestión que ayer la llevé a un control médico y el pediatra me dice: “Me encanta que reconozcas los síntomas, esta nena está completamente obstruida, empecemos al tiro con corticoides”. Sonreí como si fuese la mamá sabelotodo, pero la verdad es que la llevaba por control. No pensé que esa tos era diferente a la de la semana pasada. A mí me enseñaron que debía preocuparme si la veía azulita, y para mí estaba tan rosada como siempre.

El punto es que en los últimos tiempos he descubierto que los hermanos menores siempre vienen con algún “detalle de fabricación”. Conozco un caso cercano en el que la quinta guagua nació con seis dedos. Y otro en el que el tercer hombrecito nació con mancha mongólica en la cola, que no es otra cosa que un poto azul. Sí, un poto azul... ¡no me digan que el culito de Alan no es original! Mi hermana menor, por caso, nació sin tobillo. O sea, es flaquísima, pero su pantorrilla es absolutamente recta.

Las fallas pueden ser mayores o menores, con o sin importancia, pero lo que está claro es que, como me dijo el pediatra “se ve que la hiciste con un poco menos de dedicación”. Prefiero no pensar si tiene o no razón. Menos tiempo tenía seguro.

Lo que sí admito, es que la he criado con un poco más de inconciencia. A todas nos pasa igual. ¿O será que sólo yo soy una mala madre?

La lata es que como la Male es chica en el colegio tiene esos eternos períodos de adaptación, en los que las mamás andan por los pasillos del colegio y no se van a las casas. Entonces ven llegar a mi niñita estornudando y me clavan la mirada onda: “Oye tú, madre inconsciente, ni se te ocurra contagiar a los nuestros”. Así que después de una semana de soportar miradas inquisidoras con mi mejor cara de simpática les expliqué que tiene una enfermedad crónica –Sindrome Bronquial Obstructivo Recurrete- y que ni sus mocos ni su tos son contagiosos, lo que es absolutamente cierto. ABSOLUTAMENTE CIERTO (nunca se sabe quién leerá esto, así que por las dudas lo recalco).

El tema es que este asunto de que son como más vulnerables los hace más regalones, más bebotes. Y eso no viene de fábrica, ni es cosa de ellos. Es cosa nuestra, porque a menos que nazca otro, siempre serán nuestros guagüitos.

Mi amiga Teresa fue mamá grande. Al segundo lo tuvo a los 43 y se negaba a sacarle el chupete aunque el niñito casi que tenía barba. Le hablaba en media lengua, lo cargaba en brazos (yo creo que pesaba como 20 kilos) y a los tres años le seguía dando colados.

No hace falta ser demasiado inteligente para entender que la Tere se negaba a ver crecer a Pedrito. A mí me pasó un poco lo mismo; cuando este verano alguien me sugirió que la Malena podía dejar los pañales casi mato a ese sujeto.
Pobrecita ella, así “falladita” como es, ¿encima tiene que aprender a controlar esfínteres? Yo la prefiero llena de tos y mocos. A upa y con el pañal meado. Eso sí, ya no se lo cambio directamente sobre el pasto. Es que de todo se aprende.

jueves, 11 de marzo de 2010

¡Con mi niñita no se metan!

Alguna vez mi amiga Joyce me dijo que ser mamá de niñita era bien diferente a ser mamá de hombre. Ella, que juega en ambos equipos, me comentó que la gran diferencia radica en que ellos resuelven todo con un par de combos y una pelota de fútbol. Ellas, en cambio, se enroscan. Pelean con la palabra, se lastiman, sin sangre pero con lágrimas.

Sí que tenía razón la Joyce.

Resulta que nos cambiamos a un condominio lleno de niñitas que se lo pasan arriba de la bicicleta. Sólo por eso, en 24 horas reloj, la Sol aprendió a andar sin rueditas. Sólo por eso, por primera vez desde que vivimos en Chile, dijo que Santiago era más choro que Buenos Aires. Sólo por eso ahora prefiere quedarse en la casa antes que ir a las clases de gimnasia, al Mc Donald´s o jugar donde sus amigas.

Todo venía bien hasta que empecé a notar que las niñitas como que le huían. Se alejaban en grupo cada vez que la Sol se acercaba. Murmuraban, se reían en voz baja. Hasta que ayer descubrí la cruda realidad: dicen que ella las persigue, le han pedido plata para darle clases de bicicleta, para comprarse cosas en el colegio... algo que algunos llamarían bullying y otros, simplemente, cosas de niñitas.

Yo en verdad voy por la segunda opción. Son chicos, se pelean y se amigan en cuestión de segundos... pero ¿justo le tenía que tocar a mi cabra chica? ¿Justo a ella, que es la más hermosa, simpática, inteligente y chora del mundo? Nooooooooooooooo!!

Qué horror ver sufrir a una hija. Yo de pendeja era terrible. Molestaba, burlaba, pelaba. Una vez todos se pusieron en mi contra, me hicieron la guerra del hielo y aprendí. Puta que me dolió que nadie me hablara, pero aprendí a no joder más.

Hace algunos años me reencontré con una antigua compañera, a la que no veía hacía como veinte años. Lo primero que hicimos fue ponernos al día. Lo segundo que me dijo fue que le debía como diez años de terapia, con intereses retroactivos a la década del ´80. Sorry.

Volviendo al hoyo, la cuestión es que mi marido tenía ganas de arrancarse a hablar con los padres. Pero alguien nos dijo que esas cosas aquí no funcionan, que era mejor ganarnos a las niñitas en lugar de pedir colaboración a los adultos. Así que partí al súper a comprar stickers, galletas y cuanta huevada me pareció entretenida, e invitamos a las vecinitas a jugar. Por suerte vinieron y bastante jugaron... En algún minuto sí se burlaron, pero nada para espantarse.

O sea, efectivamente son cosas de chicos. Pero, igual, ¡qué feito! Así que después de mucho pensar sobre qué decirle y cómo decirle, me llevé a la Sol al Ruby Tuesday y comencé mi primera charla seria, casi que de mujer a mujer: “En la vida, las cosas no siempre son como una quiere. A veces hay gente con la que tú quieres pasar tiempo pero ellos no quieren pasar tiempo contigo. Las niñas del condominio no son malas, sino que están equivocadas y cuando se den cuenta de que tú eres súper divertida van a pedirte disculpas y te van a invitar. Por mientras, puedes jugar con tus compañeras del colegio, que te quieren y no te burlan. Te prohíbo que vuelvas a juntarte con las vecinas si ellas te dicen o te hacen cosas feas. Apenas eso suceda tú vienes y me lo dices... Entonces yo voy y les arranco cada pelo de la cabeza. ¿Entendiste mi amor?”

¿Está mal? No, con mi niñita no se metan. O se la verán conmigo...

lunes, 1 de marzo de 2010

Spa con terremoto

El viernes era el cumpleaños de la Denise y con la Andy partimos las tres a celebrar en un Spa. Yo llevé parte de mi arsenal de cremas y la verdad lo pasamos chancho. Primero nos hicimos una exfoliación y después nos frotamos unas cápsulas con liposomas de cafeína para la celulitis que, hasta el momento, no han funcionado. Nos metimos al sauna, al jacuzzi (aunque apagamos las burbujas para poder conversar sin tanta bulla) y terminamos en el starbucks, con un estado de relajación absoluto. Eso fue como a las siete de la tarde. Nos reencontramos tipin diez para el festejo formal con maridos y pastel y como a la una de la madrugada me acosté a dormir.

Lo que sucedió unas horas más tarde ya lo saben. Lo han sentido tanto como yo y, sino, lo han visto en las noticias. Santiago tembló y tuve el despertar más atroz que haya podido imaginar. El ruido era macabro: sirenas, vidrios rotos, cables echando chispas, gente gritando. Corrimos hacia el cuarto de las niñitas, las cargamos en upa y salimos al parque. Como argentinos no tenemos ningún tipo de conocimiento sobre qué conviene o no conviene hacer en un terremoto y nuestro sentido común nos indicó que, estando en un primer piso, lo más fácil, rápido y seguro era correr al pasto. Ahí estuvimos unos cuantos minutos. Los columpios se movían de un lado al otro, como en una película de terror. Las luces bailaban, los portarretratos caían uno a uno.

Cuando supimos que había pasado, unos cinco minutos después, volvimos a la casa. La oscuridad era absoluta. El miedo, infinito. Acostamos a la Sol y a la Malena en nuestra cama y simulamos descansar, sin cerrar jamás los ojos. Sentí que era capaz de morir de susto. Literalmente hablando.

Nunca, jamás en la vida, me sentí tan impotente frente a algo. Yo, que a pesar de que soy una pésima madre creo que todo lo puedo, no podía hacer nada frente a la violencia de la naturaleza. Podía abrazar a mis hijas, podía refugiarme bajo las estrellas, podía decirles que todo iba a pasar, pero nada dependía de mí.

Empecé a pensar en mi familia. Mis papás recién habían vuelto a Buenos Aires y yo sabía que iban a levantarse temprano. Y mi abuelito, que madruga y lo primero que hace es prender las noticias... esperé que fueran las seis y los llamé por teléfono. Les dije que estábamos bien, para que no se enteraran por la televisión. No sé si estábamos tan bien, pero estábamos vivos, con la casa en pie y eso ya era suficiente.

El sismo fue para mí mucho más que un movimiento de la tierra. Fue un terremoto interno. ¿Cuál es el mayor miedo de una madre? Que le pase algo a un hijo. O peor aún, morir y dejarlos sin mamá y/o papá. Yo experimenté por primera vez en mi vida todas las dudas y temores existenciales. Todavía no lo supero. Cierro los ojos y siento que aún se mueve. Miro las paredes agrietadas y esas grietas se me replican dentro.

La gente está muy nerviosa, y yo no soy precisamente la excepción. Hoy casi mato a una vieja que quiso ponerse delante de mí en la fila del supermercado. Tenía el chango más repleto de todo el Jumbo. ¡Ni cagando! Pero lo peor fue que la vieja que estaba al costado de esa vieja me dijo: “Y tú que eres argentina por qué no te vuelves a tu país y nos dejas de molestar y quitar la comida a los chilenos”. Por un segundo pensé en quedarme callada. Pero luego la miré y le contesté: “Usted no tiene anillo de bodas. Supongo que ese humor es el que uno tiene si llega virgen a los setenta”.

Toda la gente que escuchó se empezó a reír, y a mí me dio mucho gusto. Una señora me felicitó por lo ocurrente y le dijo a las dos viejas que no podían tener tanta porquería en la cabeza. Por supuesto que se fueron para otra fila, y yo pasé mi chango con puros filetes, mantequilla y yogures.

De a poco, supongo que todo irá volviendo a la normalidad. Gracias a D`s por proteger a mi familia y por proteger a todos los amigos que hemos hecho este último año en Chile. Fue muy tranquilizador sentir que no estábamos solos.