martes, 27 de noviembre de 2012
A la mierda con el molde!
Noches sin dormir, peleas con el mundo, discusiones de pareja, planteamientos existenciales y tres millones de pesos sin reembolso. Eso es (aprox) lo que me costó un año entero de psicóloga más la evaluación psicopedagógica con profesionales externos que solicitó el colegio. Ese fue el costo que pagué para que todos se convencieran de lo que yo jamás dudé: que Malena es una niñita llena de recursos, con ganas de aprender, con un nivel de creatividad que excede la normalidad. Es curiosa, inquieta, dispersa, alegre y capaz de responder correctamente a los estímulos que se le ofrecen (esto último cuando ella quiere, para ser honestas). Mi hija, que posiblemente no sea un genio pero tampoco es idiota ni desadaptada, todavía no cumple 5 años. Es la más chica de su generación de prekinder.
Hubo un tiempo en el que estuve furiosa. No con el colegio, y mucho menos con las profesoras, que no podrían haber sido más amorosas y preocupadas. Lo que odié profundamente es ese ridículo nivel de exigencia al que nos obligan a someter a las guaguas. Porque, lejos de ser una mamá de esas que se andan baboseando por ahí, creo que mi Malenita es chica. Ella se jura grande, porque sabe que 9+5 es 14 (no tengo ni idea quién se lo enseñó y creo que es la única suma que hace bien) pero lo cierto es que hoy la han vacunado contra la meningitis porque forma parte del grupo de riesgo.
Pero, ya no estoy tan enojada. Lo que siento es una tristísima resignación. Porque sé que por más onda que yo le ponga, por más que en la casa pintemos con espuma de afeitar y hagamos malabares con las zanahorias, mis dos hijas están condenadas al orden. Y creo que el desorden es una parte fundamental del éxito de todas las personas talentosas que conozco y admiro. Mis grandes amigas del colegio, esas que siempre tenían promedio siete y nunca tenían un pelo por afuera de la trenza, se casaron con abogados y hoy son felices horneando queque en una cocina enorme que, por supuesto, no limpian. Las otras, las como yo, que pasábamos un buen tiempo en la inspectoría, somos mujeres felices con ambiciones que van más allá de los límites del living y el comedor. A todas nos fue la raja en la universidad y no tenemos ni la menor idea de cómo se hace un almíbar. Tampoco me interesa aprender a hacerlo... Pero tengo otras habilidades ;-D
Lo bueno es que no soy la única. Por lo que he visto y escuchado, cada vez somos más las mamás estresadas por situaciones ridículas. Conozco una mamá de mellizos que son secos para el fútbol, pero el colegio no los quiere en el equipo porque dice que son desordenados. Obvio, si para meter el gol hay que hacer un par de gambetas y que el adversario no las adivine. Obvio, si para ganar el partido hay que correr por donde los demás no corren y levantar la cabeza más alto para clavarla en el ángulo. Obvio, o acaso alguien se imagina a Messi cantando en el vestuario sin revolear la polera… Tengo una íntima amiga que tiene que cambiar a su hijo de colegio porque pasa a primero básico y no sabe leer. So what? ¿Cuál es el problema si aprende en unos meses más?
Que yo sepa, la educación chilena no ha dado muchos premios Nobel. Y las grandes eminencias locales que hay en la materia cuestionan la rigidez y el estrés al que son sometidos los niños. ¿Qué más necesitamos para reaccionar? ¿Cuánto más vamos a tener que pagar para hacer que los niños encajen en un molde que no les acomoda?
Cuando en lugar de citarnos del colegio por puras weas un psiquiatra nos diga que están deprimidos, o se vuelvan adictos a las drogas, o se encierren en la pieza como zombies porque se acabó el efecto de la pastillita será demasiado tarde. ¡A la mierda con el molde!
Todos los cabros son talentosos para algo. Sepan disculparme, pero creo de verdad que los colegios lo quieren todo servido en bandeja. Si todos los alumnos fuesen igual de aplicados y bien portados, el trabajo del docente perdería sentido y perdería también valor. Lo digo con conocimiento de causa: Malena tuvo este año unas profes atómicas, y si no se hubieran ocupado personalmente de sacarla adelante, el costo habría sido infinitamente mayor. No estaríamos hablando de plata, tiempo y esfuerzo, sino de autoestima. Desde esa óptica, encuentro que la saqué bastante barata…
En fin. Guardo la bronca en el bolsillo y rescato lo importante: que mi hermosa e inteligente princesita menor ya sabe que 9+5 es 14 y que definitivamente tiene ganas de aprender. Si no, no me habría preguntado si los piojos tienen que casarse para tener liendres. Ni hubiera querido saber cuántos años tendrá ella cuando yo me muera.
Cuando las mamás asumamos que el problema no son nuestros hijos sino nosotras mismas, que aceptamos las reglas de un juego en el que estamos condenadas a perder, todas estaremos mucho más tranquilas y felices.
Hacia allí voy.
PD: no se enojen por los meses de ausencia. Mi vida, como la de ustedes, es un precioso caos.
martes, 17 de abril de 2012
Soy un siete
Hace poco tuve un intercambio de opiniones con una sicóloga. Yo defendía la importancia de la calidad de tiempo que pasamos con nuestros hijos, y ella defendía la cantidad por sobre todas las cosas. Bueno, supongo que por algo ella se dedica a los temas de crianza y yo al periodismo femenino…
Los extremos existen en todos lados. En el fanatismo religioso, en el fútbol, en la moda y, por supuesto, también en la maternidad. Hay mujeres que creen que se trata de un sacerdocio, que entregan su vida a los niños. Dejan profesión, ambiciones y, a veces, hasta a los maridos en el camino. Viven por y para sus hijos. Se saben el spelling al derecho y al revés, inventan técnicas para destacarse cuando a los cabros chicos les toca hacer una presentación y obvio que son las presidentas de los cursos.
Yo una vez fui presidenta de curso. Me despidieron por mala gestión… bueno, nunca tanto, pero podría haber pasado. Está claro que no soy una madre modelo. ¿O sí? Sé perfectamente con quién juegan y con quién no porque se los pregunto, conozco sus canciones favoritas porque las cantamos juntas aunque muchas veces me fastidie tener que hacerlo, hacemos juntas la tarea justo cuando empieza el programa de TV que quiero mirar y les comparto mis maquillajes a pesar de que seguro alguna sombra terminará hecha trizas. Me entrego a ellas, pero no me inmolo por ellas. ¿Se cacha la diferencia?
Me consta que soy una privilegiada. Tengo una profesión que me permite una cierta libertad horaria que otras mamás no tienen. Pero aunque no la tuviera, igual trabajaría. Por mí, y por ellas. Porque encuentro que no hay peor madre que una mujer insatisfecha. Y la satisfacción es algo muy personal. Para mí pasa por compatibilizar el mundo profesional con el familiar. Para unas será armarles panoramas a los hijos, para algunas trotar en el gimnasio, para otras triunfar en la pega y, para la gran mayoría, un mix de todas esas cosas. Cada mujer es única, y también lo son sus circunstancias. Quién tiene ganas de juzgar por falta de cantidad de tiempo a una mamá que deja a los niños en una guardería porque tiene que salir a ganarse las lucas y los recoge cuando ya está oscuro. Yo, no. Me asumo absolutamente imperfecta, pero soy la mejor mamá que puedo ser. Es más, soy la mamá que me acomoda. Y por eso gozo con mis hijas: no las culpo por lo que pude haber sido, sino que les agradezco lo sí que soy.
Es hora de que todas nos despojemos de las exigencias de los libros y nos animemos a escribir nuestro propio manual. Con nuestras reglas, con nuestras necesidades. Esto no es matemática. No existe una fórmula del tipo tiempo+abdicación=madre perfecta. Y bastante culposas ya somos naturalmente como para que alguien venga de afuera a juzgar qué hacemos y cómo lo hacemos.
Si ser la mejor mamá implica pasar todo el tiempo del mundo con las niñas entonces soy un desastre. Ahora, si ser una buena mamá implica dedicarles tiempo de calidad en la medida que nos es posible, soy un siete. Y sí, yo soy un siete.
Saludos,
@vanirosenthal
Los extremos existen en todos lados. En el fanatismo religioso, en el fútbol, en la moda y, por supuesto, también en la maternidad. Hay mujeres que creen que se trata de un sacerdocio, que entregan su vida a los niños. Dejan profesión, ambiciones y, a veces, hasta a los maridos en el camino. Viven por y para sus hijos. Se saben el spelling al derecho y al revés, inventan técnicas para destacarse cuando a los cabros chicos les toca hacer una presentación y obvio que son las presidentas de los cursos.
Yo una vez fui presidenta de curso. Me despidieron por mala gestión… bueno, nunca tanto, pero podría haber pasado. Está claro que no soy una madre modelo. ¿O sí? Sé perfectamente con quién juegan y con quién no porque se los pregunto, conozco sus canciones favoritas porque las cantamos juntas aunque muchas veces me fastidie tener que hacerlo, hacemos juntas la tarea justo cuando empieza el programa de TV que quiero mirar y les comparto mis maquillajes a pesar de que seguro alguna sombra terminará hecha trizas. Me entrego a ellas, pero no me inmolo por ellas. ¿Se cacha la diferencia?
Me consta que soy una privilegiada. Tengo una profesión que me permite una cierta libertad horaria que otras mamás no tienen. Pero aunque no la tuviera, igual trabajaría. Por mí, y por ellas. Porque encuentro que no hay peor madre que una mujer insatisfecha. Y la satisfacción es algo muy personal. Para mí pasa por compatibilizar el mundo profesional con el familiar. Para unas será armarles panoramas a los hijos, para algunas trotar en el gimnasio, para otras triunfar en la pega y, para la gran mayoría, un mix de todas esas cosas. Cada mujer es única, y también lo son sus circunstancias. Quién tiene ganas de juzgar por falta de cantidad de tiempo a una mamá que deja a los niños en una guardería porque tiene que salir a ganarse las lucas y los recoge cuando ya está oscuro. Yo, no. Me asumo absolutamente imperfecta, pero soy la mejor mamá que puedo ser. Es más, soy la mamá que me acomoda. Y por eso gozo con mis hijas: no las culpo por lo que pude haber sido, sino que les agradezco lo sí que soy.
Es hora de que todas nos despojemos de las exigencias de los libros y nos animemos a escribir nuestro propio manual. Con nuestras reglas, con nuestras necesidades. Esto no es matemática. No existe una fórmula del tipo tiempo+abdicación=madre perfecta. Y bastante culposas ya somos naturalmente como para que alguien venga de afuera a juzgar qué hacemos y cómo lo hacemos.
Si ser la mejor mamá implica pasar todo el tiempo del mundo con las niñas entonces soy un desastre. Ahora, si ser una buena mamá implica dedicarles tiempo de calidad en la medida que nos es posible, soy un siete. Y sí, yo soy un siete.
Saludos,
@vanirosenthal
domingo, 19 de febrero de 2012
A mi manera
Algunas cosas que aprendí en los últimos meses:
No puedo seguir comiendo papas fritas todos los días. Ni la mejor crema anticelulitis del mundo hace efecto cuando acaricias los 35 años y te alimentas con pura chatarra.
Aunque creo que los problemas de chicos son de los chicos yo soy de las mamás que se meten. Me importa una raja el qué dirán. Creo fervientemente que cuando los cabros se pasan de la raya y un niño sufre es necesario conversar. Da lo mismo si nuestro hijo es el que llora o el que hace llorar. Hablar en serio sobre el ‘no le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan a ti’ siempre es productivo. Vale con hijos de 5 a 25 años (después dudo q alguien acepte un sermón de la mamá).
Las suegras me dan pena. No importa cuánto nos ayuden, siempre vamos a encontrar un motivo (o varios) para criticarlas y comparar cuánto mejor es todo lo que hace nuestra querida madre. Aunque –muy en el fondo- sepamos que no es para tanto.
Como me dijo hoy una amiga, el título de este blog es absolutamente engañoso. La experiencia me ha dado paciencia y también perspectiva: cada una hace lo mejor que puede de acuerdo a las circunstancias que tiene. Juzgarnos entre nosotras es una estupidez.
Lamento haberme quejado tanto cuando mi hija mayor me pedía que le contara un cuento. Ahora yo quiero leerle y ella solo quiere que salga de su pieza! Los hijos crecen muchísimo más rápido de lo que nos gustaría y pasamos de ser la ídola a ser la pesada casi sin darnos cuenta.
La maternidad es un camino de ida. Como me dijo hace poco una colega: una vez que sale de la guata ya no hay nada que hacer, porque no se puede volver a meter. Así que si estás pensando en quedar embarazada piénsalo dos veces. Si estás por parir toma conciencia de que no será fácil y si ya pariste sabes perfectamente de lo que hablo. Por cada satisfacción hay al menos siete dolores de cabeza. ¿El consuelo? Las jaquecas nunca son eternas!!
Saludos,
@vanirosenthal
No puedo seguir comiendo papas fritas todos los días. Ni la mejor crema anticelulitis del mundo hace efecto cuando acaricias los 35 años y te alimentas con pura chatarra.
Aunque creo que los problemas de chicos son de los chicos yo soy de las mamás que se meten. Me importa una raja el qué dirán. Creo fervientemente que cuando los cabros se pasan de la raya y un niño sufre es necesario conversar. Da lo mismo si nuestro hijo es el que llora o el que hace llorar. Hablar en serio sobre el ‘no le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan a ti’ siempre es productivo. Vale con hijos de 5 a 25 años (después dudo q alguien acepte un sermón de la mamá).
Las suegras me dan pena. No importa cuánto nos ayuden, siempre vamos a encontrar un motivo (o varios) para criticarlas y comparar cuánto mejor es todo lo que hace nuestra querida madre. Aunque –muy en el fondo- sepamos que no es para tanto.
Como me dijo hoy una amiga, el título de este blog es absolutamente engañoso. La experiencia me ha dado paciencia y también perspectiva: cada una hace lo mejor que puede de acuerdo a las circunstancias que tiene. Juzgarnos entre nosotras es una estupidez.
Lamento haberme quejado tanto cuando mi hija mayor me pedía que le contara un cuento. Ahora yo quiero leerle y ella solo quiere que salga de su pieza! Los hijos crecen muchísimo más rápido de lo que nos gustaría y pasamos de ser la ídola a ser la pesada casi sin darnos cuenta.
La maternidad es un camino de ida. Como me dijo hace poco una colega: una vez que sale de la guata ya no hay nada que hacer, porque no se puede volver a meter. Así que si estás pensando en quedar embarazada piénsalo dos veces. Si estás por parir toma conciencia de que no será fácil y si ya pariste sabes perfectamente de lo que hablo. Por cada satisfacción hay al menos siete dolores de cabeza. ¿El consuelo? Las jaquecas nunca son eternas!!
Saludos,
@vanirosenthal
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Un drama es un drama. Una boludez es una boludez
Hace casi tres meses que no escribo y no quiero ahondar en detalles para no deprimir a nadie, aunque a modo de excusa aquí va un resumen: murió mi abuelo, ocho días después murió mi abuela y en el medio al hijo de una amiga muy querida le diagnosticaron leucemia.
Nos preocupamos por tantas boludeces que de vez en cuando la vida se encarga de sacudirnos un poco (o mucho) para recordarnos qué es realmente importante, y qué no lo es.
Cada vez que llega diciembre me pasa lo mismo: primero, me enojo conmigo por no haber hecho ninguna actividad física regular desde enero. Después, me desespero pensando cómo voy a sobrevivir hasta marzo.
Por algún motivo este año es diferente. Tal vez tenga que ver con este sacudón del que les hablaba. O tal vez sea simplemente porque las niñitas están más grandes. La cuestión es que me tiene absolutamente sin cuidado que se terminen las clases. Y encima tengo la cueva de que las mejores amigas de Malena son hijas de médicas, así que sus mamás tampoco están disponibles para llevarlas de paseo un martes a las 2 de la tarde y probablemente se junten con las nanas hasta que nosotras volvamos de la pega. La culpa compartida es menos culposa!!
Hoy se supone que Malena actúa de mariposa. Digo se supone porque sus maestras se encargaron de repetirme una y mil veces que tiene pánico escénico. OK, veremos. Y también le ponen los frenillos a Sol. Heavy, es el síntoma de vejez menos pensado. “Mi hija usa frenillos”. Ohhhhhh q vieja estoy.
El otro día organicé en casa la primera pijamada. Vinieron tres amigas de Sol, y no tuve mejor idea que prepararles una búsqueda del tesoro en el jardín. De noche, y con linternas. Lo pasaron increíble, aunque yo terminé raja después de treparme al árbol para esconder la pista siete y meterme debajo de la reposera para esconder el tesoro.
Soy ingeniosa y divertida con las niñas cuando quiero. El tema es que casi nunca quiero!!! La mayoría de mis amigas acaban de parir o están embarazadas del tercer hijo. Y la verdad es que encuentro que están locas. Si con dos la vida es manejable, para qué sumar un problema, por más dulce, mamon y regordete que pueda ser (el problema)??
Pienso en mi amiga y en su hijo con leucemia y me siento una imbécil. Eso es un problema. Todo esto es un moco.
Que el árbol no nos impida ver el bosque. Tener hijos sanos es una bendición y no una obviedad. Si Male no quiere bailar de mariposa me importa una raja. Si Sol no soporta los frenillos y a los diez días hay que sacaros los sacaremos.
Un drama es un drama. Una boludez es una boludez.
saludos,
@vanirosenthal
Nos preocupamos por tantas boludeces que de vez en cuando la vida se encarga de sacudirnos un poco (o mucho) para recordarnos qué es realmente importante, y qué no lo es.
Cada vez que llega diciembre me pasa lo mismo: primero, me enojo conmigo por no haber hecho ninguna actividad física regular desde enero. Después, me desespero pensando cómo voy a sobrevivir hasta marzo.
Por algún motivo este año es diferente. Tal vez tenga que ver con este sacudón del que les hablaba. O tal vez sea simplemente porque las niñitas están más grandes. La cuestión es que me tiene absolutamente sin cuidado que se terminen las clases. Y encima tengo la cueva de que las mejores amigas de Malena son hijas de médicas, así que sus mamás tampoco están disponibles para llevarlas de paseo un martes a las 2 de la tarde y probablemente se junten con las nanas hasta que nosotras volvamos de la pega. La culpa compartida es menos culposa!!
Hoy se supone que Malena actúa de mariposa. Digo se supone porque sus maestras se encargaron de repetirme una y mil veces que tiene pánico escénico. OK, veremos. Y también le ponen los frenillos a Sol. Heavy, es el síntoma de vejez menos pensado. “Mi hija usa frenillos”. Ohhhhhh q vieja estoy.
El otro día organicé en casa la primera pijamada. Vinieron tres amigas de Sol, y no tuve mejor idea que prepararles una búsqueda del tesoro en el jardín. De noche, y con linternas. Lo pasaron increíble, aunque yo terminé raja después de treparme al árbol para esconder la pista siete y meterme debajo de la reposera para esconder el tesoro.
Soy ingeniosa y divertida con las niñas cuando quiero. El tema es que casi nunca quiero!!! La mayoría de mis amigas acaban de parir o están embarazadas del tercer hijo. Y la verdad es que encuentro que están locas. Si con dos la vida es manejable, para qué sumar un problema, por más dulce, mamon y regordete que pueda ser (el problema)??
Pienso en mi amiga y en su hijo con leucemia y me siento una imbécil. Eso es un problema. Todo esto es un moco.
Que el árbol no nos impida ver el bosque. Tener hijos sanos es una bendición y no una obviedad. Si Male no quiere bailar de mariposa me importa una raja. Si Sol no soporta los frenillos y a los diez días hay que sacaros los sacaremos.
Un drama es un drama. Una boludez es una boludez.
saludos,
@vanirosenthal
viernes, 16 de septiembre de 2011
Lo hizo!!!!!!!!!!!!!!!!
Maradona hubiese dicho una grosería. Como cuando en esa conferencia de prensa le dijo al periodista: "A mi que me la chupen". Pero yo, que soy una lady, simplemente voy a decir: "¿Vieron que es completamente normal?"
En el jardín de Male celebraron el dieciocho y a ella le tocó vestirse de china. Fue un poco customizada (blusa blanca con puntitos rojos, falda negra y zapatos animal print), pero cumplió. La comunicación decía que no hacía falta salir a comprar así que nos arreglamos con lo que había en la casa.
Llegó feliz y primera a la sala y esperó sentada, pintando, que llegaran sus compañeros. Con mi marido ni siquiera llevamos cámara de fotos. Es que cuando tantas veces te dicen que tu hija se queda muda y recluida, te lo empiezas a creer.
Pero apenas sonó la música ocupó su puesto, puso sus manos detrás de la espalda y bailó el pica pica más bonito del mundo. Gozó, sonrió, saludó con una preciosa reverencia al terminar y, cuando preguntaron si todos tenían bandera de Chile en la casa, ella contestó que no "porque soy de Argentina".
Malena la tiene clarísima. Es mil veces más inteligente que todas las personas que alguna vez dudaron de ella. Mil veces más graciosa, más astuta, más creativa y buena amiga. Porque cuando vio que una niñita quedaba sin pareja, la invitó a que bailaran de a tres.
Acá iba un párrafo que, releyendo, consideré un poco ofensivo y decidí sacarlo. Jajaja, sorry a quienes me siguen, pero si en verdad pongo todo tal cual lo pienso temo ciertas miradas cruzadas que no tengo ninguna intención de tolerar!!
Perdón princesa por sospechar que algo de lo que decían de ti podía ser cierto. Eres seca Malenita. Menos mal que el papá de la Maya llevó cámara y registró tu alegría. Ni tus maestras podían creer lo concentrada que estabas. Bien por ellas, al fin y al cabo, que esta semana hicieron tanto refuerzo positivo que ya no sabemos qué hacer con tantos premios.
¿Moraleja? como ya dijimos mil veces, los niños son niños. No máquinas. Cada uno es un diamante en bruto (algunos más brutos que otros), pero lo importante es que todos tiene potencial para brillar.
En el jardín de Male celebraron el dieciocho y a ella le tocó vestirse de china. Fue un poco customizada (blusa blanca con puntitos rojos, falda negra y zapatos animal print), pero cumplió. La comunicación decía que no hacía falta salir a comprar así que nos arreglamos con lo que había en la casa.
Llegó feliz y primera a la sala y esperó sentada, pintando, que llegaran sus compañeros. Con mi marido ni siquiera llevamos cámara de fotos. Es que cuando tantas veces te dicen que tu hija se queda muda y recluida, te lo empiezas a creer.
Pero apenas sonó la música ocupó su puesto, puso sus manos detrás de la espalda y bailó el pica pica más bonito del mundo. Gozó, sonrió, saludó con una preciosa reverencia al terminar y, cuando preguntaron si todos tenían bandera de Chile en la casa, ella contestó que no "porque soy de Argentina".
Malena la tiene clarísima. Es mil veces más inteligente que todas las personas que alguna vez dudaron de ella. Mil veces más graciosa, más astuta, más creativa y buena amiga. Porque cuando vio que una niñita quedaba sin pareja, la invitó a que bailaran de a tres.
Acá iba un párrafo que, releyendo, consideré un poco ofensivo y decidí sacarlo. Jajaja, sorry a quienes me siguen, pero si en verdad pongo todo tal cual lo pienso temo ciertas miradas cruzadas que no tengo ninguna intención de tolerar!!
Perdón princesa por sospechar que algo de lo que decían de ti podía ser cierto. Eres seca Malenita. Menos mal que el papá de la Maya llevó cámara y registró tu alegría. Ni tus maestras podían creer lo concentrada que estabas. Bien por ellas, al fin y al cabo, que esta semana hicieron tanto refuerzo positivo que ya no sabemos qué hacer con tantos premios.
¿Moraleja? como ya dijimos mil veces, los niños son niños. No máquinas. Cada uno es un diamante en bruto (algunos más brutos que otros), pero lo importante es que todos tiene potencial para brillar.
martes, 6 de septiembre de 2011
El lucro no me importa (mucho)
No estoy de acuerdo con el debate. En un punto, me da lo mismo si la educación es pública o privada. Lo que de verdad me importa es si la educación es buena o mala. Si es lúdica o tipo militar. Si hay lugar para lo pragmático o todo tiene que ser académico. Si los colegios de hoy están preparados únicamente para educar niños en serie o si se la pueden con niños fuera de serie.
Lo que conozco, me preocupa. Ya les conté una y mil veces lo inquieta que es Malena. Tiene 3 años y medio y está tan pero tan linda! Canta, baila, se disfraza, intenta escribir su nombre, inventa historias, le fascinan las burbujas y cuenta hasta dieciséis (aunque a veces se saltea el once). Pero en su colegio están muy preocupados. Resulta que no logra ordenarse y eso, dicen, merece apoyo externo. Me recomendaron una sicopedagoga que, por teléfono, me sugirió un tratamiento de 6 meses, dos veces a la semana, a $20.000 (aprox 45 dólares) la sesión.
Eso es grave. Es malo que los colegios no puedan tolerar tener niñitos que les desordenan la sala. Es malo que mi amiga Ale se gaste la mitad de su sueldo girando con su hija de seis por una infinidad de expertos que coinciden en que la pobre niñita no tiene absolutamente nada pero en la escuela insisten en que ‘anda un poco sola en los recreos y no quiere leer en voz alta’. Y eso, dicen, también merece apoyo externo. Es insólito que no exista un curso en el que no haya, al menos, dos alumnos medicados.
Esa debería ser la discusión. Porque si esta es la política de educación cuando son chicos, de aquí a unos años las universidades no serán necesarias. Para formar robots, se necesitan fábricas, no universidades. Para formar niños en serie, se necesita una suerte de laboratorio onda Dr. Jekyll y mr Hyde. No se necesitan escuelas con harto verde, ni salas con colores vivos, ni nada de eso. Y yo quiero eso, así que definitivamente estoy cagada.
Quiero que mis hijas sean fuera de serie, independientemente de lo que elijan. Me da igual si son abogadas, maquilladoras, vendedoras, arquitectas o cocineras. Lo único que me importa es que no agachen la cabeza y miren para abajo. Que siempre sepan que se puede cuestionar, que no está mal dibujar peces en el cielo y árboles con frondosas copas celestes y troncos rosados. Que no canten si no quieren, que no bailen si son pudorosas y que suban el resbalin por la parte de adelante y no por la escalera, si así se les antoja.
La educación pública es una lucha legítima, pero no es la mía. Yo sólo pretendo que mucho antes de elegir qué quieren ser cuando grandes, puedan elegir qué y cómo quieren ser cuando chicos.
¿Muy serio el post? Lo siento, pero si no me decargo en mi propio espacio, dónde? Estoy furiosa!!!!!
Ah, y estoy incursionando en twitter. Me pueden seguir en @vanirosenthal
gracias x permitirme la catársis. besoooo!
Lo que conozco, me preocupa. Ya les conté una y mil veces lo inquieta que es Malena. Tiene 3 años y medio y está tan pero tan linda! Canta, baila, se disfraza, intenta escribir su nombre, inventa historias, le fascinan las burbujas y cuenta hasta dieciséis (aunque a veces se saltea el once). Pero en su colegio están muy preocupados. Resulta que no logra ordenarse y eso, dicen, merece apoyo externo. Me recomendaron una sicopedagoga que, por teléfono, me sugirió un tratamiento de 6 meses, dos veces a la semana, a $20.000 (aprox 45 dólares) la sesión.
Eso es grave. Es malo que los colegios no puedan tolerar tener niñitos que les desordenan la sala. Es malo que mi amiga Ale se gaste la mitad de su sueldo girando con su hija de seis por una infinidad de expertos que coinciden en que la pobre niñita no tiene absolutamente nada pero en la escuela insisten en que ‘anda un poco sola en los recreos y no quiere leer en voz alta’. Y eso, dicen, también merece apoyo externo. Es insólito que no exista un curso en el que no haya, al menos, dos alumnos medicados.
Esa debería ser la discusión. Porque si esta es la política de educación cuando son chicos, de aquí a unos años las universidades no serán necesarias. Para formar robots, se necesitan fábricas, no universidades. Para formar niños en serie, se necesita una suerte de laboratorio onda Dr. Jekyll y mr Hyde. No se necesitan escuelas con harto verde, ni salas con colores vivos, ni nada de eso. Y yo quiero eso, así que definitivamente estoy cagada.
Quiero que mis hijas sean fuera de serie, independientemente de lo que elijan. Me da igual si son abogadas, maquilladoras, vendedoras, arquitectas o cocineras. Lo único que me importa es que no agachen la cabeza y miren para abajo. Que siempre sepan que se puede cuestionar, que no está mal dibujar peces en el cielo y árboles con frondosas copas celestes y troncos rosados. Que no canten si no quieren, que no bailen si son pudorosas y que suban el resbalin por la parte de adelante y no por la escalera, si así se les antoja.
La educación pública es una lucha legítima, pero no es la mía. Yo sólo pretendo que mucho antes de elegir qué quieren ser cuando grandes, puedan elegir qué y cómo quieren ser cuando chicos.
¿Muy serio el post? Lo siento, pero si no me decargo en mi propio espacio, dónde? Estoy furiosa!!!!!
Ah, y estoy incursionando en twitter. Me pueden seguir en @vanirosenthal
gracias x permitirme la catársis. besoooo!
domingo, 7 de agosto de 2011
Aniversario sin equipaje
No me pidieron casamiento de una manera muy romántica. Estábamos en el estacionamiento subterráneo de una clínica. Habíamos ido a visitar una amiga periodista que había tenido mellizos. Y ahí, con olor a monóxido de carbono y ruido de motores como telón de fondo, me preguntó si me casaría con él.
Han pasado diez años desde que por disposición de las autoridades argentinas tengo su apellido en mi carnet de identidad, cosa que odio profundamente. Debería estar más equilibrado el asunto: ahora que los gays se pueden casar estaría bueno que nosotras podamos seguir usando nuestro apellido como apellido... ¿o es mucho pedir?
Nadie nos dijo que el camino sería fácil, y de hecho no lo ha sido. Pero aquí estamos, juntos, criando a dos hijas que nos vuelven absolutamente locos (en el sentido metafórico y también en el literal), re-eligiéndonos cada mañana a pesar de las muchas cosas que nos molestan del otro. He aprendido a convivir con sus ronquidos y él ha aprendido a esquivar los zapatos que sin querer me olvido por toda la casa. Juro que intento dejarlos en el clóset, pero por algún motivo no lo logro. Jajaja
Podríamos haber organizado una gran celebración familiar, y hasta podríamos haber editado un CD con fotos y música bonita que recorra los 16 años que levamos juntos (sí, 6 de pololeo, y por favor no me juzguen!). Pero finalmente tomamos la mejor de las decisiones: desaperecer!!!!! Sí, por primera vez desde que nacieron las niñitas, es decir exactamente 7 años, nos vamos de viaje en serio: diez días, nueve noches, completamente solos. Y no siento ni un poquitito de culpa. Nada. De hecho no puedo creer que haya pasado tanto tiempo sin que nos animáramos a viajar ‘sin equipaje’.
Dormir hasta cualquier hora, entrar a las tiendas sin que nadie me pida que le compre absolutamente todo lo que está a la venta, leer un libro sin ilustraciones... es que en verdad no puedo creer que sea cierto. Nos vamos en un par de días y estoy contando los minutos. Las niñitas se quedaran en casa con la mejor compañía posible: la tía y la abuela.
Estoy más excitada que cuando me fui de viaje de estudios, más ansiosa que la noche anterior a titularme y más hiperventilada que Dori, la pecesita de Nemo.
¿Qué dijeron las niñas? Male no cachó nada y Sol sólo preguntó si le íbamos a traer un Ipod. Si ese es el precio de mi libertad, estoy dispuesta a volverme distribuidora oficial de Apple en chile.
Han pasado diez años desde que por disposición de las autoridades argentinas tengo su apellido en mi carnet de identidad, cosa que odio profundamente. Debería estar más equilibrado el asunto: ahora que los gays se pueden casar estaría bueno que nosotras podamos seguir usando nuestro apellido como apellido... ¿o es mucho pedir?
Nadie nos dijo que el camino sería fácil, y de hecho no lo ha sido. Pero aquí estamos, juntos, criando a dos hijas que nos vuelven absolutamente locos (en el sentido metafórico y también en el literal), re-eligiéndonos cada mañana a pesar de las muchas cosas que nos molestan del otro. He aprendido a convivir con sus ronquidos y él ha aprendido a esquivar los zapatos que sin querer me olvido por toda la casa. Juro que intento dejarlos en el clóset, pero por algún motivo no lo logro. Jajaja
Podríamos haber organizado una gran celebración familiar, y hasta podríamos haber editado un CD con fotos y música bonita que recorra los 16 años que levamos juntos (sí, 6 de pololeo, y por favor no me juzguen!). Pero finalmente tomamos la mejor de las decisiones: desaperecer!!!!! Sí, por primera vez desde que nacieron las niñitas, es decir exactamente 7 años, nos vamos de viaje en serio: diez días, nueve noches, completamente solos. Y no siento ni un poquitito de culpa. Nada. De hecho no puedo creer que haya pasado tanto tiempo sin que nos animáramos a viajar ‘sin equipaje’.
Dormir hasta cualquier hora, entrar a las tiendas sin que nadie me pida que le compre absolutamente todo lo que está a la venta, leer un libro sin ilustraciones... es que en verdad no puedo creer que sea cierto. Nos vamos en un par de días y estoy contando los minutos. Las niñitas se quedaran en casa con la mejor compañía posible: la tía y la abuela.
Estoy más excitada que cuando me fui de viaje de estudios, más ansiosa que la noche anterior a titularme y más hiperventilada que Dori, la pecesita de Nemo.
¿Qué dijeron las niñas? Male no cachó nada y Sol sólo preguntó si le íbamos a traer un Ipod. Si ese es el precio de mi libertad, estoy dispuesta a volverme distribuidora oficial de Apple en chile.
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