miércoles, 19 de mayo de 2010

Todas quieren pechugas

No importa cuánto aumente la bencina, ni que vaya a pasar con la Iglesia y los abusos. Del terremoto ya poco se habla y para el Mundial todavía faltan algunas semanas. El único tema de conversación que realmente importa, y del cual todas opinan, es sobre las pechugas. Todas, o casi todas, tienen rollo con sus tetas. Que muy chicas, que muy grandes, que muy caídas, que muy “tristes”, que una más grande que la otra. He escuchado a una sola amiga estar contenta con su planicie: la Cata. ¡Pobre Catita lo que le pasó!...

Luego de que a una amiga de su generación le diagnosticaran un cáncer de mama, la Cata entró en pánico y pidió hora para una mamografía y para una ecografía mamaria. Fue sola, como es habitual. Entró a la consulta y la doctora le pidió que se desvistiera. Al verla, con una sonrisa cómplice, le preguntó: “Vienes porque te vas a poner implantes, ¿verdad?”. “No, vengo porque tengo 38 años y nunca antes lo he hecho”, respondió. “Ya, pero tú sabes que los implantes hoy día no tienen riesgo, son dos cortecitos y te vas a la casa”, retrucó la especialista. Mi amiga quedó muda, masticando furia.

Se vistió, tomó sus cosas y partió hacia el consultorio del fondo para la ecografía. El médico, un señor de cuarentitantos, le pidió que se quitara la polera y pusiera los brazos detrás de la nuca. Ahí la Cata vio, por primera vez, que sus huesos tenían más volumen que sus pechugas. ¡Filo!, ella es súper flaca, no le hacen falta tetotas. Pero el Doctor no pensó lo mismo...: “Vienes porque vas a colocarte implantes. ¿verdad?”.

Cinco minutos después mi amiga estaba, indignada, caminando como un zombi por el estacionamiento de la clínica. O sea, la tipa de la mamografía y el ecografista eran personas diferentes, que nunca antes la habían visto, que ven miles de pechugas a lo largo del día, y ambos confundieron su turno preventivo con uno preoperatorio.

Y así fue como la Cata, la única plana contenta que conozco, comenzó a analizar la posibilidad de operarse.

Justo el otro día dieron un capítulo de los Simpsons en el que Marge va a hacerse una liposucción y, por error, le ponen tetas. Cuando se ve pechugona le grita al médico: “Y ya verá doctor, voy a venir con mi marido para demandarlo”. El médico se ríe y le dice: “Sí Marge, su marido seguuuuuro va a querer demandarme...”. Y dicho y hecho, Homero feliz con las nuevas “nenas” de su mujer.

Yo soy de esas que añora la turgencia de los veinte años, esas pechugas de revista que desaparecieron después de dos lactancias de un año cada una. Me operaría feliz, pero le tengo pánico al quirófano. La Claudia va un paso más adelante. Se cansó de tirar con sostén y ya pidió hora con dos cirujanos. La Nati ya se puso, la Poli se sacó y la mayoría de mis amigas argentinas se ha operado.

No sé en qué terminará el cuento de la Cata, sólo sé que ya no conozco a nadie que no tenga al menos la más mínima fantasía de modificar su delantera.

Y yo no termino de tomar partido... por momentos me parece lógico que todas quieran pechugas decentes. Por momentos me parece atroz. ¡O ya sé!: que se operen todas, así nosotras pasamos a ser la minoría sexy de la generación. ¿O no? No, me parece que no. ¡Quiero tetaaaaaaaas!

3 comentarios:

  1. A mi me gustaría conocer el origen de toda la cuestión, dudo que sea nuestra culpa como hombres, por estar vociferando por ahí ciertos gustos por las pechugas monumentales, creo que es evidente que el tema es más de la boca para afuera que un asunto práctico. ¿No será que muchas mujeres se pasan rollos o películas debido a comentarios tontos y repetitivos? Al parecer a tu amiga le pasó eso al ir al médico, independiente de si fuera hombre o no el autor de la afirmación.

    Saludos!

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  3. De verdad que creo que eso de ponerse es una putada. Yo me arreglo para verme bien sólo para mí. Esa cosa media freudiana de los hombres que prefieren a una tetona francamente, me parece que viene de algún trauma con la madre y el cuerpo propio de ellos. No he sabido de ningún hombre que vaya al médico porque quiere un aumento de pene y francamente, como se dicen tantas mentiras con respecto al tamaño, entiendo que se callen. Pero que me dejen las callaguaguas tranquilas, negar tu forma y experiencia de vida para intentar verte como no eres es una estupidez comparable a la cantidad de silicona de ciertas modeluchas de tv. He dicho.

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